Alucinaciones liliputienses

Ayer a las 2 de la madrugada recibí una respuesta inquietante a uno de mis emails…

Vaya truco amiga pero, no cuela.

Eso decía el mensaje.

La única explicación plausible que se me ocurre es que la del truco hubiese ido ayer a cenar a un chino.

A ver.

Yo fui la otra noche y el único efecto con el que salí fue un olor apestoso a comida en la ropa y en el pelo.

Pero claro, tampoco pedí ningún plato con setas.

La cosa es que hay unas setas chinas que se venden en los mercados, se comen en casa, en restaurantes…

Pero que si no se cocinan bien, ves a Los Diminutos.

Sí, como lo oyes.

Se llaman “alucinaciones liliputienses”.

Y por lo visto, ves personas diminutas que pasan por debajo de la puerta, se suben a tus muebles, trepan por las paredes…

Por eso digo.

Que a lo mejor esta persona se comió unas setas mal cocinadas con bambú, empezó a ver duendecillos por su casa, y me escribió pensando que era cosa mía.

Pero no.


Cuestión. 

Que una vez me comí unas setas en una isla de Escocia.

No vi a Pumuky, pero las ovejas me hablaban.

Y bueno, es una historia que me sirve para explicarte cómo meter a tu lector en tu viaje psicodélico.

Imprescindible si quieres que se convierta en cliente.

Que me imagino que querrás.

Esa historia te la cuento en el ebook de la Pobre Pécora, junto con 10 tipos de emails que pueden inspirar tu secuencia de bienvenida.

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