Conjuro marinero
Una amiga viajó a una isla minúscula con ‘Son de mar’ bajo el brazo.
En el libro, Ulises Adsuara, un profesor que llega a una supuesta Circea valenciana, se enamora perdidamente de Martina, la chica de la taberna El tiburón.
La deja embarazada y acaba casándose con ella.
Una mañana sale a pescar prometiendo a Martina que volverá con el primer atún de la temporada.
Y le pide que haga patatas fritas, que es lo que más le gusta en el mundo.
Pero Ulises no vuelve.
Ni por las patatas.
Lo dan por muerto.
Mi amiga leyó el libro en voz alta en la playa.
Como conjurando.
Días después conoció a un marinero que sonreía con los ojos.
Al bajar de la barca, el marinero le apretó la mano como si quisiera fundirse con ella.
Y de alguna manera se fundió.
No se lo quitó de la cabeza por 7 días y 500 noches.
Se vieron, se sonrieron.
El marinero la buscaba en la oscuridad.
Hasta que la séptima noche, a solas, a la lumbre de las velas...
La agarró por la cintura y la besó como solo un lobo de mar sabe besar.
A las 7 de la tarde del día siguiente pasó a visitarla.
Le puso su gorra de marinero y prometió volver a recuperarla.
Mi amiga, la tarde siguiente, supo, por el butanero, que el marinero había embarcado la noche anterior rumbo a Nápoles.
Lo dio por muerto.
JAJAJAJAJAJA
No, no lo dio por muerto, pero se quedó a cuadros con el conjuro involuntario.
Tan a cuadros como te vas a quedar tú cuando por fin sepas cuál es el andamiaje y el cableado de los correos que venden.
Vaya, lo que debes subcomunicar bajo la historia en cada uno de los correos que escribas.
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