Conversación mental pone tarjeta a temblar
En Palermo compartí casa unos meses con una diógenes.
La tipa no hacía listas de la compra.
Dejaba la basura a la vista para acordarse de lo que tenía que comprar.
Días.
Semanas.
Los botes vacíos en exposición en el pasillo.
Maaaa…
Pero bueno, lo mejor de la casa era una terraza enorme.
Y el balcón de la cocina.
Que asomaba al jardín abandonado del Teatro Garibaldi.
Una selva.
El caso es que el teatro lo reabrieron tiempo después.
Y fui con mi amiga-vecina-profedeyoga este otoño.
Que por cierto, es una gran actriz también.
Mira ‘La mosca en la ceniza’ en Youtube.
Ella es la prota.
Pero a lo que iba…
Yo no sabía qué carajo íbamos a ver.
Pero quería entrar igualmente por ver el teatro.
Así que pagamos creo 5€ y allí que nos plantamos.
Un bodrio.
Había dos tipos con unos teclados, micrófonos, un botafumeiro y un gong.
Y bueno, pinchaban música electrónica.
Y, supuestamente, decían cosas trascendentales en francés y árabe.
El que mandaba, de vez en cuando, agitaba el botafumeiro y le daba al gong.
Pero entre que no me gusta la música electrónica, el incienso me agrada más bien poco y no entiendo francés ni árabe…
Pues, mi encefalograma se quedó plano.
Y solo me quería ir de allí, que encima hacía frío.
Pero vaya, el teatro, bonito.
La cuestión.
Lo peor que puede pasar tanto en un teatro (como con un lead magnet) es que el cerebro del receptor se quede frito.
Que no suceda nada ahí dentro.
Porque (y ahora hablo del lead magnet) si no consigues desencadenar un diálogo preciso en la cabeza de tus lectores, el que está frito también es tu negocio.
Pero, ¿qué diálogo?
Pues, esa conversación mental que les pone la tarjeta a temblar.
Con dos características que cumpla tu lead magnet ya la tienes.
Dos, solo dos.
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